viernes, 11 de diciembre de 2009

Viajes normales














Algo viejito...lo retocamos, le pasamos un poquito de barniz y sale de nuevo...




No es muy tarde, apenas las 23.25hs. Una típica noche de marzo cuando el verano empieza a irse. Vuelvo a casa en bondi. Callao y Lavalle. Tomo el 115 cuyo recorrido es Retiro- Villa Lugano. Voy, entonces, hacia el sur.
A esa hora suele estar semi vacío. Debíamos ser alrededor de 15 personas, no sé bien porqué recuerdo particularmente a un par de muchachos al fondo, un señor sentado del lado de la ventanilla derecha, detrás de la puerta del medio. El resto se me figuran como parte de la imagen, murmullo y movimientos. Los sentidos y la física prohiben percibir (o descubrir) todo en el mismo instante o con una sóla operación.



Por lo general viajo acompañada por hombres y mujeres de rostros cansados. Al fondo, un par de hombres con borcegos (de esos con puntas de acero que deben pesar como dos kilos cada zapato), de manos agrietadas y piel curtida por el sol. Abundan las mochilas o bolsos, pero no tanto las carteras ni los trajes. Ni los tacos ni el rimel.
Finalmente, me ubico en un asiento individual en la sexta fila.
Las mujeres más arregladas están delante de mí: una señora de un falso castaño claro charlando animadamente con una piba que parece tener más o menos mi edad. Morena, alta con zapatitos ochentosos, blusa azul y jeans wanama. Ambas con sus carteras dispuestas cuidadosamente hacia delante.
Vamos ya por Lavalle y Junín.

Suben cuatro o cinco personas, dos de ellos, jóvenes, con sus mp3 o celulares tecnológicos o algo que emite música según me indican esos auriculares incrustados en sus orejas, como también los hay en las mías.
Miro por la ventanilla, el sucio vidrio me da una imagen poco clara de la nocturna buenos aires. Quedan unos pocos cartoneros nucleándose en Larrea. Los veo todas la noches, generalmente a esta hora ya llegó el camión que los recoge, pero ese día aún no.
Cambio de dial, nunca aguanto una canción entera, pero no encuentro nada así que termino escuchando esa canción de Diego Torres hasta el final.
Cercanos a Once hay un recambio de gente. Se bajan los hombres de borcegos del fondo y otros más pero a su vez otros tantos. A la cabeza, una señora mayor, de pelo negro azabache recogido en una larga trenza, vestía una pollera larga y marrón gastado, zapatillas blancas de lona y medias soquete. La secundan, un par de sujetos de oberol celeste, una señora con cuatro chiquitos de entre cuatro y ocho años que están casi dormidos; y, un pibe de rastas con remera de Led Zeppelín y piercing en la ceja.
- Qué bien que les queda a los hombres el piercing en la ceja - pensé, -la barba desprolija también. Che, cada vez estoy menos exigente - me dije y retomé mi rutina de mirar el asfalto.
Cruzamos Rivadavia, las calles se empiezan a percibir más oscuras, con pocos caminantes que le den vida; con autos que se acercan a modelos noventosos y tiñen el paisaje que transita el bondi. Por Moreno se mantienen muchas casonas que hoy en su mayoría suelen ser hoteles.



- Qué caro que está alquilar hoy, ni a un hotel me puedo mudar - me lamento.
En Belgrano y Boedo sube un joven castaño de rulitos, de camiseta blanca un tanto sucia, jeans que en algún momento fueron azules y alpargatas, carga una bolsita con detergente y esos aparatitos para limpiar vidrios. Lo conozco de vista. Todas las mañanas lo veo limpiando los vidrios en el semáforo de Maza y Belgrano, ahí, cerca del hospital español. A veces esta acompañado con otro, ese día a la mañana lo había visto solo.
Saluda al chofer, pero no escucho bien la conversación, la radio me mantenía entretenida. Luego de cambiar de dial huyendo de Enrique Iglesias, Reik y canciones de amor del tipo de Aspen o Millenium.
- Uh. Símbolo de Paz. Temón, hace mil no lo escuchaba -. Por fin dejo quieto el mp3 al menos por tres o cuatro minutos.
Creo que la conversación entre el limpiador de vidrios y el chofer fue algo así como un:
Limpiador de vidrios: - Qué hacé’ amigo, cómo va?. Ya a esta hora quedamos pocos viteh?-.
Chofer, riéndose: - see, me queda una vuelta más todavía, está medio jodida la mano. Se pusieron forros con las rondas los supervisores. Vos ya terminaste?-
Limpiador de vidrios: - Sí, ya no junto nada, mejor me voy a guardar.-
Yo apago la radio, me atrae más su conversación después de todo introducen risas y realidad en medio de tanto silencio y la buena música poco duró en la radio.
De repente, las mujeres que estaban justo en los asientos de adelante se callan y miran atentamente. Un par de parejitas del lado izquierdo del colectivo también.

No entendía la situación, algo me había perdido.
El recién llegado se dirige hacia el fondo y veo movimientos, actividad, miradas alteradas (o desconcertadas al menos), murmullos. Había escuchado poco durante el viaje, el mp3 había hecho su trabajo. No entiendo. Miro para atrás y una mujer grande se abraza a su cartera, las señora y la chica de mi edad se alteran y miran, se inquietan, amagan a bajarse pero al final se quedan quietas y también se abrazan a sus posesiones.
Me doy vuelta y veo al pibe limpiavidrios hablando con todo el fondo del colectivo. Algo no encajaba en mi rutina de transporte público, rostros cansados y cabezeantes y silencios.
Entonces escucho. El limpiavidrios le dice a una mujer de mediana edad: -dame dos pesos-.
- Está pidiendo dinero nada más, mamá- que dice la piba de blusa azul y jeans de marca a la señora con la que charlaba, mientras suelta su bolso y lo deja caer sobre su costado.
En el fondo, la otra mujer le da los dos pesos y él le da monedas.
-Tomá, son dos pesos-.
Llegamos a Independencia. Se bajan madre e hija y una de las parejitas.
¿Alguien más necesita monedas? dice después sonriendo el limpiador de vidrios.
- Me la paso juntándolas, a mi me rompen las pelotas y usté viene de trabajar señora, cómo no le voy a cambiar, si ahora las venden y qué se yo. Vió, yo se las cambio nomás y no le cobro nada eh-. El chofer se ríe y se saluda, mirada cómplice mediante, con el joven a través del retrovisor.
Algunos empiezan a sonreír y hurgan en sus bolsillos.
Uy!, me tengo que bajar. Estamos en San Juan y Boedo.



Ellos siguen entre el chasquido de monedas y el limpiador de vidrios hacia el sur, paredón y después...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

y andabas para rebelarte (borrador)


Cómo me atraviesas.

Me armas y desarmas

Me llamas y me das vida.

Mi compañera herida

como sobrevivientes.

Ella.

Los engañó la soledad, los confundió el tiempo. Andaban para desconocerse (o encontrarse). Por las mismas calles que te vieron reír (y también llorar) deambulabas buscando un bar. No era ninguno en particular, pero tampoco te atrevías a entrar en cualquiera, siempre creíste en la mística de encontrar un rincón donde el café deja sus borras y con los que confabulás tus futuros hipotéticos. Donde se tejen tus ideas inconclusas, confundidas pero honestas, sobre identidades colectivas y relaciones de producción socialistas. Ése, confesás en un murmullo, es el único amor verdadero que merece decirse para siempre. Los sentidos nos engañan, a veces, de tan noble verdad pero no logran hacerte sucumbir en el dormitar rutinario donde el packaging importa casi tanto como la telenovela y los chocolates importados (cuánta traicion! si en realidad es xocolatl; del cacao que en realidad es maya y es Ka'kaw). Por eso, hoy la rutina del cortejo ya no te conmueve porque lo primero que te dicen, siempre, es bonita, como una linda producción industrial, simétrica, en serie, una idéntica reproducción fordista de los cánones de estética de victoria’s secret pero, claro, versión siempre berreta. Es una banal ficción sinsentido y al menos te queda creer en la intención, sincera, del cumplido pero eso no te eclipsa ya. Perdió validez desde el mismo momento en que encontraste regularidad nomotética en los encuentros y en ellos y descubriste que te gustan más las humanidades y el descubrimiento de lo singular. No importa. Entrás a ese sucucho de viejos en el que ansías encontrar tu lugar mientras pensás: -qué cosa extraña me la paso pensando en cómo desprenderme de la propiedad privada y no obstante quiero mi lugar-, un posesivo que se niega a irse por completo, seguramente no tenga que desaparecer, pero no te deja de sonar extraño. - Lo mío, lo tuyo, lo nuestro, lo de él o ella, lo no-mío, lo no-nuestro-. Quién sabe, esto de la definición del ser por el no-ser siempre te deja atónita. De momento te sentás y pedís un cortado.
Hoy tenés una cita y la reticencia te paraliza. –Ves, te repetís, lo único verdadero es la revolución socialista, las contradicciones del capitalismo y la tendencia marginal decreciente de la tasa de ganancia. Las demás relaciones sociales son impuras, menos nobles y más cobardes, por eso no son para siempre -. El único compromiso que sos capaz de tener es con el mundo. No era que te gustaba lo particular? Sí. No. Bueno, a lo mejor un poco más complejo. La subjetividad se desdibujó y te queda un sustantivo colectivo que para colmo es femenino y por supuesto de izquierda. Menos mal. Ella te dirige y así es como tiene que ser. Si no estás determinada por ella, al menos la elegiste como compañera.
Y vos, que también sos buena compañera, te deslumbras con la originalidad, o con intento-de-no-reproducción-no-copia, incluso la más mediocre creación. Cuál es el problema de la mediocridad? Están todos empeñados en ser héroes y seguro que la mayoría de los grandes hombres murieron en el anonimato, con los hombros curtidos por el Sol y los sueños empeñados. Ni qué hablar de las mujeres (de mí, de vos, de nosotras!) entonces, tantos años escondidas entre las sombras y los pseudónimos fálicos.

Querés testificar (cuyo origen etimológico, paradójicamente aunque no por eso inocentemente, proviene de testículo, parece ser que antes de jurar por Dios, se juraba por ellos!) y querés ser testigo. Arte y parte de tus actos, de los míos, de los nuestros, de los de ellos…de todos, de nosotros. Ay!, cómo gusta ese sustantivo, femenino y rebelde, que ya es propio y que ya es acción, en su dulce movimiento constante y su potencialidad-acto incesante. Que te sacó de tu [o de mi] lugar no-lugar para llevarte de nuevo a la calle, de tierra o de piedra, fértil y libre que la guía y te guia.
No nos engañó la soledad, nos desorientó el destino para recordarnos que estabámos para rebelarnos…

lunes, 23 de noviembre de 2009

Y un día dejó de huir...
Tomá tus cosas y andate vos.
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Mañana ya no me voy.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

No escribo poemas y sin embargo acá estoy...
Un día voy y al otro me voy, ya ni sé pero a veces hay que jugar.

I
No te enamores de mí, ni de mis silencios
no prestes atención a mis sonrisas
ni a mis trucos.
No queda ninguna sensualidad escondida
ni ningún hechizo por hacer.
Con mi sencillez vestida de algodón
No te pido más de lo que podés dar
Ay!, por favor
no me pidas más de lo que soy!

II
Brujos son sus fonemas

y sus ansías de revolución,
su ausencia de lujo,
su plenitud guerrillera.
Hechizan,

por un instante,
como flautista mágico
o quizá, simplemente,
como él mismo.
Tan sólo él ante mí
Cuánta belleza!
y yo, que sólo me animo a mirar
desde lejos,
lo que no puedo tocar.

III
Pasitos miedosos
desnudez escondida
No podés enamorarte de mí
no me atrevo a enamorarme de vos
y ya nos ves
aquí los dos
desoyendo al tiempo
y al destino.
Jugando con fuego.
Fingiendo ser mucho más que dos.
Hasta aqui.
Hasta hoy.
- Y mañana? - me dirán.
- Pues, mañana ya no sé.-

sábado, 7 de noviembre de 2009

Mundos por revelarse (o rebelarse!)

Niños irritantes

19 de agosto de 1967
Brasilia.

No puedo. No puedo pensar la escena que visualicé y que es real. El hijo está de noche dolorido por el hambre y le dice a su madre: tengo hambre, mamá. Ella le responde con dulzura: duerme. Él insiste. Ella grita dolorida: ¡duerme, niño molesto!. Los dos se quedan en silencio en la oscuridad, inmóviles. ¿Estará dormido? -piensa ella despierta. Y él está demasiado amedrentado para quejarse. En la negra noche los dos están despiertos. Hasta que, por dolor y cansancio, ambos dormitan, en el nido de la resignación. Y yo no soporto la resignación. Ay, cómo devoro con hambre el placer de la revuelta.
Clarice Lispector.
Revelación de un mundo
Ed. AH

Dolor.
Dolor y resignación.
Acaso debieran ser dos conceptos opuestos.
Silencios y angustias.
Sólo la revuelta puede dar una nota.
Dignidad que se rebela
y su sonido,
como onda expansiva,
demolerá el dolor y la resignación.
Necesariamente hay otro mundo que construir...

lunes, 19 de octubre de 2009

En un cuadernito olvidado se encontraban tus palabras (muertas?). Hoy volvieron a mí y me acordé de vos. Paradójicamente las distancia no logra alejarnos.
Será que me encanta descubrir que me sigo pareciendo a vos. Será que me encanta reconocerte empáticamente a mi lado...


No necesito tus reproches
ni tu mirada vacía.
No quiero hallarte rendido
no quiero caer en tus dominios
No quiero que me des tu vida
ni que sigas mi camino
No deseo verte anclado
sin destino.

No quiero que llores
por un amor que se ha ido
no quiero que me ames
para reemplazar su cariño
No quiero que me aclames
entre sombras y ruidos.
No quiero que me encierres
en tus negros designios
No quiero tus promesas
ni tus traiciones.
No quiero tu presencia
ni tu ausencia
no quiero tus certezas
ni tus dudas
No quiero quererte
No quiero.

Meche '98

viernes, 19 de diciembre de 2008

Crónicas de viajes y distancias.



Una pequeña reflexion cursi, a mi hermana, porque no hay persona que me contenga más y a la cual admire tanto, por su tenacidad y su fuerza. Con una bondad infinita de aquellas almas que se merecen todo, porque lo dan todo!
Que 12.000km no son nada y todo a la vez.

Las geografías nos condicionan, quizá no determinan, pero sí establecen marcas en nuestros horizontes.
Paisajes diversos que se erigen ante nuestros ojos, perfumes y aromas que nos abrazan. Sonidos y sensaciones que nos atraviesan.
Buenos Aires con su místico romanticismo, mezcla de grandiosa y miserable, bondadosa y cruel. Sus calles y sus avenidas reflejan una prosperidad que fue un fugaz fantasma; sus silencios evocan angustías, su pobreza derrama lágrimas e impotencia.
Sumergidos en rutinas, acostumbrados a demasiado poco.
Helena se mueve en una fotografía en blanco y negro, por pasajes y calles encontradas y mudas, con un sórdido ruido de fondo, de las avenidas de las cuales huye.
Del otro lado del océano, en la otra punta del mundo, se encuentran recuerdos vagos de lo que pudo ser, de destinos inciertos.
Cariños guardados en cajas de cartón, que vuelven de vez en cuando para no desaparecer.
Allá, Barcelona, ciudad cosmopolita, magna, donde la diversidad se desarrolla con una naturalidad inaudita, con ramblas repletas de anónimos personajes, con anónimos anhelos, victorias y fracasos. LLenos de vida, llenos de historias.
El retorno será inevitable?
Resistencia ante el olvido.
Helena extraña,la extraña, porque forma parte de lo más importante de su vida, de su ser.
Un todo que no logra llenar esa parte que le falta para sentirse plena. Esos abrazos, esas miradas cómplices que la hacían sentir la comunicación casi perfecta con alguien.
Que las geografías no reflejan más que esto, percepciones subjetivas de lo que implican sus mundos. Irremplazable amor fraternal que a veces se guarda en la rutina pero ocasionalmente vuelve a aparecer con una fuerza que derrumba todo.
Efímeros recuerdos que tiñen el día de un color particular, ansiosas ganas de partir, de salir a buscarla y no dejarla más.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Sobre las elecciones en Sociales

Qué define que un colectivo genere tantas expectativas que llegue al punto de estremecer los cimientos, rebosando categorías cerradas que se han vuelto añejas?

Cómo no conmoverse?

Luego de muchos rodeos, espero expresar aunque sea vagamente, mis apreciaciones sobre las elecciones del CECSo y sobre la militancia (en mi caso ContraHegemonía) que parece haber logrado marcar un nuevo horizonte y espera estar a la altura de la historia para cumplirlo.

A veces pareciera que la práctica militante no es compatible con la alegría y emociones más románticas y uno se convierte en un otro dentro del ambito estudiantil. Sinceramente, se trata de anular estas percepciones producto de ciertas formas de militantes que abogan un racionalismo extremo que anula las prácticas y la fuerza con la que puede arremeter un movimiento. Confío en la construcción cotidiana cuyos horizontes se expanden día a día y no sólo por una conformación de un cuerpo teórico sino porque la experiencia misma define esta teoría en tan famosa relación: la dialéctica, que muchos dogmáticos del marxismo parecen haber olvidado. Han deificado una razón estatizando la complejidad y el dinamismo del pensamiento y la pluralidad de las complejas relaciones sociales (no sólo de producción). Definirse en un arco de posibilidades de acción e ir superando obstáculos, creciendo en vistas de un proyecto que tiene un sentido y por tanto está lleno de fe. Es la construcción de un hombre nuevo que se erige ante tantos elementos reificados y que lamentablemente en sociología se vuelven sentido común sociológico. Se enfrenta a pensamiento inerte, muerto y que petrifica todo lo que lo rodea.

Es una realidad que la dinámica de las sociedades modernas en la cual estamos inmersos presentan una discusión que no está saldada ni creo que lo vaya a estar en algún momento. Qué es lo que define una clase social hoy día o a una relación entre actores que se encuentran con diversa posesión de capitales en términos de Bourdieu y que vienen a enriquecer esta dicotomía de burgués/proletario (sin nunca perder de vista el trasfondo tanto más real de dominador/dominado). Cuándo, quiénes, cómo hemos de llegar a la revolución son cuestiones imposibles de predecir, la futurología y los astros son cuestiones que pertenecen a la magia, rituales y divinidades abstractas más ligadas a rituales que ciertas, una especie de culto sagrado por cuanto todo lo ajeno parece profano, material, superfluo. Lo que olvidan estos dogmáticos es que la humanidad reside mucho más en lo profano que en las recetas de la felicidad.

He hablado de Fe y sentido tanto para reivindicarlo como para condenar el sectarismo. Algo confuso quizá definir un proceso que busca no atarse a categorías estrechas. Tanto el debate sobre las prácticas como en el debate político. No es una cuestión de forma (aunque también la incluyo) sino de las nociones que nos marcan. La importancia de la independencia política es un eje nunca perdido de vista, como también la conciencia activa de reconocer que los viejos programas ya en nada nos sirven y buscan más diferenciarse que buscar lo común. No se trata de normalizar ni volverse un tibio diplomático sino de construir las bases que permitan resistir a una trinchera por demás bastardeada, por una universidad que se necesita con un movimiento estudiantil fuerte para que pueda dar sus luchar hacia fuera de la institución con fuerza y golpes certeros, estratégicos y definitorios.

Ahora bien, y un poco justificando estas reflexiones, cuando se trata de crear algo nuevo, uno, como sujeto colectivo, se enfrenta ante los límites tanto de la izquierda más dogmática como del mismo sistema que intenta anular toda práctica revolucionaria y contradictoria al capitalismo. Sólo que el capitalismo moderno no anula por exterminio de forma exclusiva sino también por anulación, absorción o contradicción al interior de estos espacios contra hegemónicos ( y en este punto, estos sectarios son tan funcionales al sistema!). Forma parte de lo que Marcuse denomina sociedades tecnológicas en su libro, el hombre unidimensional.

Aquí el desafío, porque si no pensamos a la Universidad como un campo o un espacio social que se eleve como trinchera, su misión es causa perdida. Si no podemos pensarnos como un actor social en cada ámbito en el que trabajamos, tenemos un grave limite. Si no nos conmovemos estamos condenados al fracaso, si no nos formamos estamos condenados a la manipulación, si no luchamos estamos condenados a muerte.

Esta es la apuesta a lo nuevo que tiene la responsabilidad y el deber de ser coherente y disputar contra todos aquellos sistemas e instituciones que van en contra del socialismo y las reivindicaciones latinoamericanas. La obligación de dar pelea desde la originalidad a viejos problemas que hoy tienen más actualidad que nunca. Son tiempos de refundar el centro, de reinventarnos como actor social y dejar atrás todos los post y neo (postmoderno, neomarxista, etc) que hacen referencia a una falta de originalidad y novedad, a una falta de fuerza que es imperativo conseguir.